viernes, 6 de septiembre de 2013

‘’La vida no depende de nadie, ni siquiera de ti.’’

Cada amanecer con vagos recuerdos de mis sueños, que a lo largo del día iré olvidando y el ligero canto de los pájaros entrando por mi ventana, son algunas de las muchas razones por las cuales odio levantarme los domingos.
Lo defino como la maldición después del sábado, un día inundado de barbaridades y libertad, que colocan sueños sin derecho alguno en mi mente, cosas sin sentido que van en busca de ser, tarde o temprano, una realidad.
Domingo en el que los rolling stones me acompañan por medio de mi pijama, mi vieja pijama negra que siempre amanece un poco desacomodada a razón de que paso horas dando vueltas en la cama, intentando encontrar, el lado frío de la almohada.
¿Qué puedo hacer? He intentado varios meses romper con la rutina en la que vivo, he tratado de disminuir mi temperatura corporal al bañarme con agua fría pero termino con largas respiraciones e intensa frialdad por dentro, siempre termina igual.

Es como si mi vida tuviera un instructivo, o quizá una hora de entrada y salida a la fabrica de días aburridos en la existencia de una adolescente racional y pensante, que recorre caminos que nadie mas conoce con solo sacudir su cabello y tronar los dedos; tan solo un momento le basta para caer en el juego de nuevo y caminar por los senderos de lo inexistente.

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